TEATRO Y ALGO MÁS

Adisha

Adisha vivía feliz con Jalim. Su único novio, su único amante; su marido.
 

De niña era una criatura flaca, escuálida, y enfermiza. Fue vendida a la familia de Jalim, a cambio de un camello y diez kilos de queso fresco, debido a que sus padres estaban pasando  por una situación económica difícil, en la miseria extrema. Venta que era común en aquel pequeño pueblo vecino al mar Muerto y que sus progenitores creyeron haber hecho de manera bastante ventajosa.
 

El pueblo, en otros momentos, fue considerado como la región de abundante leche y miel, pero en aquel momento muchos de sus habitantes pasaban grandes carencias alimenticias.
 

Con el tiempo, los juegos de niños se tornaron en cariño y, pese a que dadas las circunstancias, la novia evidentemente no podía proporcionar dote alguna, como era la usanza en la región, no empero a ello, a los padres de Jalim les pareció suficiente la conducta intachable de la chica, así como su habilidad en los quehaceres domésticos y la apariencia agradable que el tiempo le otorgó, y que entre los árabes, son cualidades a considerar de alto aprecio, por lo cual accedieron a dichas nupcias.
 

Adisha y Jalim vivían felices, pese a no tener una posición económica muy holgada.
 

Ella se levantaban en el alba y delineaba para él sus ojos almendrados con hashimi kajal, a la vez que peinaba su larga cabellera castaña. Después, se apresuraba a hervir el café turco para su marido y preparaba para toda la semana shanklish, tabule, hojas de parra con jocoque y el kepe bola, que tanto le gustaba con crema de ajonjolí  o berenjena, acompañados con pan árabe fresco.
 

Pasaron juntos siete meses hasta el día en que Jalim, quien atravesaba el desierto para vender telas finas, cayó accidentalmente del camello y se desnucó.
 

La viuda en tales circunstancias se encontró sola y desamparada, por lo cual se vio en la necesidad de emplearse como apuntadora en un programa matutino de una vieja televisora nacional, gracias a su voz clara y apacible.
 

Tras dos años de arduo trabajo, la televisora se encontró en la necesidad de cerrar, por los altos gastos que implicaba la transmisión, además  la poca audiencia.
 

Tras ello, Adisha decidió mudarse a la ciudad vecina en busca de otro trabajo, atravesando el desierto sobre el lomo de un viejo camello, que era parte de la caravana que trasladaba semanalmente a los habitantes del pueblo.
 

Al llegar, el camellero ya se había percatado de que Adisha no tenía a nadie que le esperara en la ciudad, y con engaños se la robó, vendiéndola para que formara parte del ya numeroso harem del rico califa.
 

Ella, al percatarse de lo sucedido, lloró tanto que, por tener los ojos tan inflamados, no pudo ser llevada ante su nuevo dueño, durante los primeros días.
 

Desde el primer momento fue preparada para atender y ser una amante prudente y servil. La bañaron con pétalos de flores, la vistieron con elegantes atuendos, además de peinarla y perfumarla de pies a cabeza. De tal modo que finalmente lucía irreconocible.
 

El califa era un hombre regordete, de edad madura, con risa estrepitosa y apariencia desdeñosa. Se le conocía por ser amante de los placeres extremos.
 

Se dijo que cuando por fin le llevaron a Adisha ante su presencia,  había comido y bebido tanto, que se quedó profundamente dormido, sin lograr hacerle nada.
 

En el harem habitaban varios eunucos que cuidaban de las mujeres que pertenecían al califa. A ellas les trataban con cierta distancia y absoluto respeto. Guadím era uno de ellos; era un hombre joven y bien parecido que había sido castrado en su adolescencia, tras haber sido capturado el día que el ejército del califa sometió a su pueblo y a su familia, asesinando a una gran parte de la población, que incluía ancianos, niños y mujeres, en su mayoría.
 

Desde el primer momento en que Adisha y Guadím se vieron, sintieron que la vida les había llevado a andar ese tortuoso camino, sólo para poder vivir su encuentro; de tal modo que a partir de ese día, procuraron el reencuentro, y aún cuando era  peligroso, lo hicieron muy disimuladamente.
 

En una ocasión por fin pudieron hablar y se declararon su mutuo amor, planeando sin tapujos huir juntos.
 

La proeza fue difícil de cumplir. En uno de los cumpleaños del califa, tras embriagarse los cocineros, ambos aprovecharon la ocasión y se metieron en los enormes botes de desechos del palacio. A la mañana siguiente, con la ayuda de un criado, una carreta les hizo por fin salir, sin ser vistos.
 

Pero la suerte estaba echada, otro de los eunucos que ya había percibido su amor, ante un fuerte sentimiento de envidia, les denunció, tras no ver a ninguno de ellos en el harem.
 

Los guardias salieron decididos a dar con ellos y darles muerte, por la ofensa y traición hecha a la persona del califa.
 

Dos de los guardias, después de tres días de búsqueda, finalmente les encontraron dormidos, abrazados bajo un árbol de dátiles.
 

Sin más, le encajaron varias veces sus dagas, dándoles muerte instantánea al desangrarlos. Se dijo que se abrazaron con tanta fuerza, que no pudieron separar los cadáveres. 

DALIA DE LEÓN ADAMS

ESCritora mexicana, Maestra con distinción de Mención Honorífica en Estudios Latinoamericanos de Literatura. Colaboradora en diversas revistas y empresas periodísticas, además de fungir como profesora de francés, italiano e inglés, se dio a la tarea de publicar algunos de sus libros en los que se incluyen alguna novelas un ensayo y un cuento.

© Derechos Reservados. Homo Espacios es una marca registrada. Producción y creación de Glen Rodrigo Magaña

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